ESTO DE QUÉ TRABAJAS MAÑANA???
Hay frases diarias, preguntas diarias, hechos y acciones diarios; también hay manías diarias, pequeñas cosas diarias que me gustan y cosas diarias que odio.
Por ejemplo, diariamente nos preguntamos en casa de qué trabajamos mañana; cada día tengo esa sensación atropellada de hacerme y comerme los alimentitos deprisa y malamente porque llego tarde a currar, cada día enchufo la charanga ésta en la esquina del ciber del salón de mi casa de perfil para ver si tenemos conexión.
Me encanta escuchar todos los días el sonido que hace el cable de la ducha cuando lo enroscas en el grifo, flaaaaaaxxx, una vuelta, fluuxxx, otra vuelta; y me parece una sensación impresionante lavarme las manos con agua hiper fría y ese jabón de white jazmín o con el de black vainilla y que se me quede el olor en las manos.
Me encanta quedarme dormida en el sofá por la noche e irme a la cama como en semisueño, y odio, cuando esto pasa, tener que intentar despertar a Lauris (pq nunca lo consigo) para que se vaya a su cama del otro lado del pasillo de nuestra casa de perfil.
Me encanta ir andando al trabajo despistándome con cada detalle que se me cruza alrededor, desde los acabados de las fachadas de los edificios, hasta los piropos más obscenos de los obreros que pitan cuando vas a cruzar por donde no debes y casi te atropellan. Y cada día odio atravesar la glorieta de Rubén Darío cuando voy o vuelvo, porque es como el ecuador del camino y se me hace eterna e imposible de franquear por su amplitud.
Pero sobre todo, cada día odio abrir el blog y ver que seguís leyéndolo en silencio, sin comentarios ni ná, y entonces no desespero en continuar animándoos a que escribais.
Por ejemplo, diariamente nos preguntamos en casa de qué trabajamos mañana; cada día tengo esa sensación atropellada de hacerme y comerme los alimentitos deprisa y malamente porque llego tarde a currar, cada día enchufo la charanga ésta en la esquina del ciber del salón de mi casa de perfil para ver si tenemos conexión.
Me encanta escuchar todos los días el sonido que hace el cable de la ducha cuando lo enroscas en el grifo, flaaaaaaxxx, una vuelta, fluuxxx, otra vuelta; y me parece una sensación impresionante lavarme las manos con agua hiper fría y ese jabón de white jazmín o con el de black vainilla y que se me quede el olor en las manos.
Me encanta quedarme dormida en el sofá por la noche e irme a la cama como en semisueño, y odio, cuando esto pasa, tener que intentar despertar a Lauris (pq nunca lo consigo) para que se vaya a su cama del otro lado del pasillo de nuestra casa de perfil.
Me encanta ir andando al trabajo despistándome con cada detalle que se me cruza alrededor, desde los acabados de las fachadas de los edificios, hasta los piropos más obscenos de los obreros que pitan cuando vas a cruzar por donde no debes y casi te atropellan. Y cada día odio atravesar la glorieta de Rubén Darío cuando voy o vuelvo, porque es como el ecuador del camino y se me hace eterna e imposible de franquear por su amplitud.
Pero sobre todo, cada día odio abrir el blog y ver que seguís leyéndolo en silencio, sin comentarios ni ná, y entonces no desespero en continuar animándoos a que escribais.
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